El patrimonio del agua en Buenos Aires

octubre 1, 2015

De los sistemas de potabilización, abastecimiento y distribución del agua construidos en la ciudad de Buenos Aires a partir de la segunda mitad del siglo XIX, hoy quedan valiosos testimonios que reflejan la importancia otorgada a la higiene pública como símbolo de modernidad, civilización y progreso. Dentro de ellos, integran el patrimonio del agua en obras de ingeniería y arquitectura tales como torres de toma para la captación de agua del Río de la Plata, el gran establecimiento potabilizador de Palermo, cuatro grandes depósitos urbanos, junto con diversidad de equipamiento, maquinarias e instalaciones, construidos entre 1869 y 1960. Y desde luego, forman parte de él los usos, modas y costumbres que las comunidades fueron adoptando en su  relación con este vital recurso, a través del tiempo.

En aquel período de grandes transformaciones, el agua purificada, además de ser un factor clave para superar las fuertes epidemias que azotaron a la Ciudad de Buenos Aires, fue uno de los factores determinantes en la reordenación urbana operada desde fines del siglo XIX, asociada a la drástica transformación de los usos y costumbres.

Tal patrimonio evidencia no sólo el avance técnico y el progreso científico del saneamiento y la ingeniería sanitaria, sino la evolución del concepto de higiene urbana, desde la “Gran Aldea” a la gran ciudad de Europa de las primeras décadas del siglo XX.

AySA, consciente de la importancia que asume el rescate de estas expresiones materiales e inmateriales, se encuentra empeñada en difundir y promover acciones a favor de su valoración y preservación. Así se evidencia en las importantes obras de recuperación física de monumentos históricos, como las que se realizan en el Palacio de las Aguas Corrientes y la Planta Elevadora de Wilde, y en la tarea cotidiana de difusión y concientización patrimonial que lleva adelante su Museo del Agua y de la Historia Sanitaria (Riobamba 750, Ciudad Autónoma de Buenos Aires).

El creciente protagonismo que asume el tema -en especial desde la visión ecológica y ambiental-, y la reciente declaración de la Asamblea General de las Naciones Unidas en relación al acceso al agua potable y al saneamiento como un derecho humano, directa e indirectamente posicionan al patrimonio del agua en un lugar impensado años atrás.

Hoy el manejo de estos recursos culturales y naturales -desde la transdisciplina y la integralidad- exige una gestión responsable que permita garantizar su transmisión al futuro y, en el presente, su permanente y armónica relación con la identidad de un territorio y una comunidad que ha contribuido históricamente a configurar.

 

Jorge Tartarini

Jorge Tartarini

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