Växjö, un ejemplo de sustentabilidad

marzo 16, 2017

Suecia es un país que tiene en su interior el gen de la sostenibilidad.

 

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Desde la década del 80 varias de sus comunas buscan desarrollarse mediante el uso de las energías renovables y quieren lograr la meta de cero emisiones de dióxido de carbono para 2030.

Durante la primera semana de marzo de este
año tuve la oportunidad de visitar Suecia junto
a la Red Argentina de Municipios Frente al Cambio Climático (RAMCC) y pude observar y conocer detalles de cómo diferentes ciudades trabajan para alcanzar la meta.

Växjö fue la primera parada. Fundada en 1342 se la conoce como la ciudad más verde de Europa. Rodeada de lagos y bosques la comuna decidió -a partir de la crisis petrolera de 1973 cuando la Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo decidió no exportar petróleo a los países Europeos y Estados Unidos- aprovechar los abundantes residuos de la industria maderera para cambiar el combustible fósil que alimentaba a la central de calefacción distrital.

La calefacción distrital se basa en una central térmica que produce calor con biomasa y lo distribuye mediante un sistema de tubos subterráneos a los edificios y las casas que forman parte de la red. Hoy abastece de calefacción y agua caliente a 8.500 usuarios de los cuales 7.500 son casas particulares.

La empresa comunal que data de 1887 cambio su matriz energética en los años ochenta y en la actualidad sus tres centrales son alimentadas con desechos de madera. También genera electricidad que luego vende al mercado para iluminar a los habitantes de la ciudad.

“No talamos bosques” aclara Henrik Johanson, coordinador ambiental de la comuna “solo utilizamos el residuo de la industria maderera, principalmente ramas, musgo y corteza”.

Otra de las buenas decisiones de la comuna fue la implementación del programa ambiental que posibilita un cambio en el estilo de vida de sus habitantes. “En 2016 el  38% de los productos alimenticios fueron orgánicos y un 24% locales, es decir que llegan a Växjö de 150 km a la redonda”, cuenta con orgullo Johanson.

En 1993 la comuna se propuso una ambiciosa meta, llegar a 2030 sin emisiones de dióxido de carbono (CO2). Y están cerca de lograrlo, ya que las emisiones se redujeron casi un 60% y se encuentran entre las más bajas de Suecia y de Europa. Esto es posible gracias a las plantas de cogeneración de electricidad y calefacción y a que el transporte urbano funciona únicamente con biogás cuya materia prima son los residuos domiciliarios.

 “Este es el objetivo más difícil ya que se debe reducir el uso del auto particular y fomentar aún más el transporte público y la bicicleta”, explica el coordinador ambiental.

 La clave verde de Växjö es la cooperación entre las autoridades comunales y la oposición política. Trabajan por una meta medioambiental a largo plazo y por supuesto con el compromiso ambiental de sus ciudadanos.

 “Es una ciudad que tiene futuro”, dice Anna Tenje, consejera política y alcaldesa de Växjö, “cada año se incrementa su población en alrededor de 1.100 habitantes y son varias las empresas que quieren instalarse en el territorio”.

firma_Gabriela

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