Un recorrido por la falla de San Andrés

noviembre 3, 2017

De cerca se ve un montículo apenas, como una erupción en la piel que se extiende como culebrilla, una serie de granos puntuados entre una colina y un campo labrado a unos treinta minutos al sur de la ciudad de San Francisco. Nada muy espectacular a simple vista.

El problema es lo que pasa abajo, lo que origina esa excrecencia de la tierra. Ya el hecho de que se llame “falla” debe llamarnos la atención: algo no anda bien aquí. Este lugar en cierto sentido anodino puede estar en la génesis de un terremoto que afecte seriamente esta poblada zona de la bahía californiana.

La falla de San Andrés (posiblemente la más famosa del mundo, con un total de más de mil kilómetros de largo) emerge entre dos de las placas tectónicas que insólitamente conforman la corteza terrestre: de este lado, la placa norteamericana; allá, apenas unos metros abajo, la placa del pacífico. No se llevan bien, se rozan y eso genera movimientos sísmicos. Según información del Servicio de Geología de los Estados Unidos (USGS), existe un 72% de probabilidad de que antes de 2043 haya un terremoto de más de 6,7°. Es lo más cerca que por ahora están los geólogos de la predicción de un sismo, no pidan hora y fecha exactas, pero prepárense. La información es brindada durante un viaje de campo organizado para participantes del 10° Congreso mundial de periodistas científicos, que se llevó a cabo en esta ciudad norteamericana del 26 al 30 de octubre.

Carol Prentice es la geóloga que junto con el sismólogo Jack Boatwright guía al grupo por la finca que es Tesoro Histórico Nacional y perteneció a un dueño de minas de oro llamado William Bowers Bourn II (que construyó una mansión a doscientos metros de la falla y vivió 20 años). Prentice no sabe bien cuál es la razón de la fama de San Andrés. Quizás sea por el terremoto de 1906, de 7,8°, que mató a más de 3000 personas en una época donde justo se empezaba a estudiar el fenómeno con mayor detalle científico y bien fotografiado. Desde entonces, hubo algunos movimientos de tierra menores, pero existe un debate respecto si se debieron a San Andrés o no. Prentice no lo cree. El temor es que desde entonces haya estado acumulando energía y que se despache con un desastre a gran escala.

Mientras tanto, la experta muestra fotos en detalle del trabajo geológico que es por un lado rutinario y por otro poco común. Cada vez que hay un movimiento –pequeño o no- salen de algún modo disparando a la zona para ver in situ qué pasó y qué rastros dejó el fenómeno; pero al mismo tiempo, una vez en la zona de importancia geológica o sismológica, el trabajo debe ser minucioso. “Es poco glamoroso esto”, admite Prentice –que llegó a la geología porque cuando era joven le interesaba hacer joyas- al mostrar una foto entre el barro y la piedra.

Luego de la falla de San Andrés, la siguiente parada es una pared inmensa y lisa que fue la antigua (activa entre 200 y 12 millones de años de antigüedad) falla Corona Heights en el homónimo barrio de casas bajas detrás del famoso Castro de San Francisco. “Esta es una antigua máquina de terremotos”, dice Boatwright frente a la inmensa pared que le tapa el sol a un jardín de infantes que celebra cumpleaños. Esa máquina descansa; las otras, no. Y en cualquier momento dan malas noticias.

firma_Martín

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