Un llamado a la acción

noviembre 16, 2018

Por Pilar Assefh

Con la cercanía de la Cumbre de Líderes del G20, ese evento cúlmine alrededor del cual mucho ha girado durante este año en la Argentina, determinadas conversaciones renuevan su vigencia.

El cambio climático es una ellas, al tratarse de uno de los tópicos que más polémicas suscitaron en las negociaciones que han tenido lugar hasta la fecha. Y no es para menos, dado que los miembros de este foro (19 países más la Unión Europea) representan cerca del 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) globales.

En este marco, Climate Transparency publicó la cuarta edición del Brown to Green Report, uno de los informes más exhaustivos en lo que refiere a la performance climática de estas 20 economías. Y la conclusión a la que arriba es contundente: ninguna de ellas cuenta con políticas climáticas alineadas con evitar que la temperatura media global aumente por encima de 1,5°C para fin de siglo respecto de los niveles preindustriales, tal como establece el Acuerdo de París.

Un dato: para llegar a esta meta, los miembros del G20 deben reducir sus emisiones a la mitad para 2030, esto es, dentro de 12 años. De allí que la necesidad –la urgencia– de que el mensaje sea tomado y reforzado por los líderes de las economías más poderosas del planeta.

El rol que podría cumplir la Argentina en este contexto no es menor. Así lo define Enrique Maurtua Konstantinidis, asesor Senior de Cambio Climático de Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN): “Como anfitrión del G20, la Argentina está en el centro de la atención este año, y debe ser consciente del impacto que el cambio climático causa y causará en la economía mundial”.

Por otra parte, y más allá de su rol como presidente del foro este año, no se debe olvidar que la Argentina está entre los 25 países que más GEI emiten a la atmósfera. De acuerdo con el último inventario nacional, en 2014, las emisiones del país ascendieron a 368 MtCO2eq. El 53% de ellas provinieron del sector energético; el 39%, del sector agricultura, ganadería, silvicultura y otros usos de la tierra, incluyendo la deforestación; el 4% del sector de procesos industriales; y el 4% para el de residuos.

Teniendo presente estos números, no extraña que, desde FARN, apunten que las políticas nacionales en materia de energía se contradicen con reducir la contribución de este sector al cambio climático: mientras se impulsan las fuentes renovables, se sostienen subsidios a los hidrocarburos. Esta es una ambigüedad en la que también repara el Brown to Green Report. “En 2016 –se especifica en el documento–, los subsidios a los combustibles fósiles de la Argentina alcanzaron los US$ 2.700 millones, frente a los US$ 11.300 millones de 2014. Entre 2014 y 2016, los subsidios estuvieron por encima (US$ 0,008) del promedio del G20 (US$ 0,004) por unidad de PBI.” A ello se suma que, según un análisis de FARN sobre el Presupuesto 2019, por efecto de la devaluación, estas subvenciones se duplicarán (US$ 5.700 millones).

Otro de los sectores en el que el análisis de Climate Transparency repara es el forestal. Según datos de 2015, el área boscosa de la Argentina se redujo en un 22% en comparación con la superficie de 1990, a pesar de algunos cambios en las tendencias de los últimos años. En referencia a ello, desde FARN sentencian: “Si esto se suma a la continua y montante desfinanciación del presupuesto asignado a la Ley de Bosques (4,75% de lo estipulado para 2019), solo se puede esperar que esta situación continúe agravándose. Estos cambios en el uso del suelo en combinación con el aumento de fuertes precipitaciones, debido al cambio climático, podría desembocar en marcadas inundaciones con graves efectos sobre la producción agrícola”.

 

Crédito foto: www.argentina.gob.ar

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