Qué tan plástico es el cerebro plástico

septiembre 27, 2016

Una de las cosas curiosas que sucedió en la capital de Noruega durante la semana de entrega de los premio Kavli (del 5 al 9 de septiembre, un millón de dólares en cada una de las tres categorías) es el intercambio intelectual con momentos ásperos entre los ganadores de Neurociencias.

-Desde Oslo, Noruega- Por más que trabajan en la misma área y ambos son prestigiosos científicos, la investigadora de la Universidad de Stanford Carla Shatz y el científico de la Universidad de California Michael Merzenach se cruzaron varias veces, aunque con académica elegancia, ante la mirada de la tercera ganadora Eve Marder (de la Universidad Brandeis).

La discrepancia fundamental tiene que ver con los alcances de la plasticidad del cerebro. Desde que se supo que las neuronas sí pueden crecer en los cerebros adultos e incluso cambiar de funcionalidad en distintas áreas, cada vez se amplían más en laboratorios y en la práctica médica las potencialidades del órgano que es “la cosa más compleja del universo” (como suelen decir los neurocientíficos).

Para Merzenach, todo es virtualmente posible con el debido entrenamiento. Y “todo” incluye a personas con lesiones de médula (cuadripléjicos), enfermos de Parkinson o Alzhéimer, o niños con retrasos. A Shatz, esto le parece una demasía. Al punto de reclamarle en forma de pregunta –por ejemplo, en una entrevista que tuvo con periodistas becados por la Fundación Kavli y la Federación Mundial de Periodismo Científico- si “eso está publicado”, que es la manera educada como los científicos se permiten dudar de lo que otros sostienen como verdad.

La discrepancia, de todos modos, es marginal en función de que los tres se oponen al viejo paradigma que creía que todo el cerebro estaba cableado de tal manera que no era posible modificación alguna, como una radio o una TV que al descomponerse tenían destino de basural.

“Todos los cerebros son máquinas de aprender, pero mejor que máquinas. Y si bien hay diferencias entre niños, que son más plásticos, y adultos esa capacidad no se pierde del todo nunca”, señaló Eve Marder. Por eso da un mensaje: “Es muy importante para amigos y familiares de personas con enfermedades del cerebro o médula, que presionen para que haya entrenamiento de recuperación. Que no se den por vencidos. Hace 20 años un ACV era rendirse, pero ahora se puede tener recuperación sustancial en cierto período de tiempo”. Marder incorporó algo personal cuando mencionó que su padre tuvo una hemorragia cerebral severa y se recuperó en cuatro años, “pero tras miles de terapias, horas y horas. Y con el tiempo se recuperó casi totalmente. Creo que pocos entienden que la familia puede presionar para que se recuperen. La lección es esa, que sigan presionando para que mejoren porque se puede, la voluntad es fundamental”.

Al lado opuesto de la mesa, Merzenich asiente y agrega que “hicimos estudios en muchos individuos y se pueden encarar entrenamientos para deprimidos, para adictos y hasta podemos predecir la esquizofrenia, y eventualmente podríamos cambiarla”.

La más escéptica Shatz acepta como positivos los intentos, pero dice que “necesitamos saber más acerca de los mecanismos fundamentales, cómo es que estos ejercicios cognitivos generan bienestar. No soy tan optimista respecto de ciertos chicos que nacen con mutaciones genéticas y que tienen literalmente mecanismos moleculares que les impiden la plasticidad”.

 

 

firma_Martín

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