“Por momentos, la ciencia está en el límite de lo real”

abril 7, 2017

José Luis Prado dice que en ciencia se puede ser un buscador de pepitas de oro, alguien que reciba un golpe de suerte, o un teórico al que la formulación de una hipótesis y su corroboración lleven el trabajo de una vida*.

Él fue las dos cosas: en 1992 lo golpeó la varita cuando era becario en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata y descubrió evidencia de que el ornitorrinco había vivido en Sudamérica. Así publicó en la revista Nature lo que aún hoy considera su trabajo más importante. “Fue un trabajo muy citado. Tuvo mucha repercusión en Australia, porque es como un símbolo allá. Como Gardel”, dice hoy.

Prado, paleontólogo y vicedirector del Instituto Investigaciones Arqueológicas y Paleontológicas del Cuaternario Pampeano (Incaupa/Conicet), llegó a su segundo logro, el más trabajoso, el que lleva décadas, ahora que publicó un nuevo paper en otra revista de alto impacto, Science. Allí relaciona cambios climáticos de los últimos 18 millones de años con la evolución de las distintas formas que tuvo el animal que hoy para comodidad llamamos caballo. “La idea del siglo pasado era que la evolución del caballo lo hacía crecer desde formas pequeñas. Había un modelo preformado y una idea de progreso. Pero yo, a partir de distintos datos y viajes a colecciones de museos, veía que no era tan lineal: era más complejo, y decidimos con colegas diseñar experimentos para mostrar esta complejidad”, empieza la explicación. “Lo documentamos muy bien y por eso lo publicamos en Science”, agrega.

-¿Cómo juega el cambio climático?

Nosotros vinculamos estos momentos de mayor especiación a momentos de ruptura climática. Pero no es lo mismo el cambio climático como se entiende en la actualidad. Un gran cambio climático promueve la especiación. Pero el trabajo tiene otras aristas. Si uno conoce cómo las especies responden a estos cambios, uno podría predecir cómo seguirá a través del estudio de morfologías con fósiles y ADN de fósiles. Vos fíjate que todas las especies de caballos se extinguieron hace 10 mil años y de alguna manera la ecología tuvo que ver. Todas las especies de caballos descienden de un único antecesor, de 50 mil años, y el único que queda salvaje es el caballo de Mongolia, cuyas poblaciones están diezmadas.

-¿Cómo llegaron los caballos a América del sur?

Llegaron hace unos 3 millones de años, cuando se conecta Sudamérica, que estaba aislada como Australia, a través del istmo de Panamá y se produce un intercambio de fauna con América del norte, de donde vinieron los caballos. Y se dispersaron por corredores de llanuras. Había formas muy pequeñas y formas estilizadas, eran muy diferentes. Todos esos caballos se extinguieron. Los que tenemos hoy son derivados de europeos que trajeron los españoles, que son razas que provienen a partir de un proceso de selección y domesticación de caballos asiáticos. El último representante que queda de esos caballos salvajes está en Mongolia, el Equus ferus.

-¿Se consiguieron nuevas formas de caballos a través de la manipulación genética para el polo y el turf?

Hoy se puede hacer mucho con manipulación y selección genética, como obtener variedades que tengan más resistencias, según la necesidad. También hay proyectos para traer fósiles a la vida. Ahora con genetistas hemos logrado a partir de muestras de huesos de Argentina obtener secuencias de ADN que se reconstituyen y secuencian, y el genoma de una proteína de 10 mil años. Son cosas que se intentan afuera con una cabra de montaña en España, o para el diablo de Tasmania en Australia, que tiene 80 años de extinguido, o para el mamut lanudo en los Estados Unidos. No sé si la tecnología da para tanto, quizás en algunas décadas. De hecho hay toda una rama dedicada a eso porque no desaparecieron los ecosistemas: por ejemplo, la tundra del mamut lanudo.

-Pero faltan décadas.

Tengo amigos genetistas que están muy entusiasmados…esto genera muchas direccionalidades porque el propio afán de los científicos, su curiosidad, lleva de una cosa a otra, y produce avances en áreas que por ahí no se tienen en cuenta. Se busca lo imposible y repercute en otro lado. Los avances en biología molecular son impresionantes. Se estudian con fósiles cómo era el clima del pasado, lluvia, temperatura; también la dieta. Se abre todo un campo nuevo. Yo soy de la vieja escuela y cuesta imaginar hasta donde se llegará.

-Por ser doméstico, el caballo está más a salvo del cambio climático actual.

Sí, sí, y ya te digo que incluso se podría traer a la vida a otras especies. Por eso es tan difícil saber cómo va a terminar la historia, por el modo en que avanza la ciencia. Fijate que en el zoológico de San Diego (California) hay un mega edificio donde se conserva ADN de especies en vías de extinción. Con ese reservorio genético, si existe población en peligro se podrían apoyar e reinsertar ahí. Parece ciencia ficción, por momentos estamos en el límite de lo real.

*José Luis Prado, evolucionista experto en caballos

firma_Martín

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