Pingüinos en el Obelisco, ¿perdidos por el cambio climático?

marzo 1, 2018

Una golondrina no hace verano, pero un pingüino rescatado en Dock Sud, a pocos kilómetros del Obelisco porteño, sí hace cambio climático. O al menos podría ser una consecuencia –otra más- de la inmensa cantidad de modificaciones, alteraciones y brusquedades a la que están siendo sometidos naturaleza y sociedades debido a la actividad humana industrial.

La noticia si se quiere es escueta: el ministerio de ambiente argentino junto con prefectura naval rescató un pingüino en el puerto de Dock Sud, fue asistido y será observado y monitoreado en el Ecoparque de Palermo. El pingüino rescatado pertenece a la especie penacho amarillo (Eudyptes chrysocome, su nombre científico).

“Nidifica bien al sur de nuestro país; lo más al norte que podemos encontrar sus nidos es Puerto Deseado (Santa Cruz). Después de la temporada de nidificación pasan el resto del año en busca de alimento, pescando. Por eso, no es habitual pero es esperable que alguno pueda cansarse, perderse y ser arrastrado por las corrientes. Esa es la manera por la que se pueden llegar a encontrar pingüinos en las costas de Buenos Aires y también en Uruguay”, afirmó Ricardo Banchs, técnico de la dirección de fauna del ministerio.

Sin embargo, para la organización ambientalista Greenpeace el hallazgo es parte del alerta ambiental general, ya que ese ejemplar de penacho amarillo se suma a otros encontrados sin vida en Reta, un balneario cercano a Tres Arroyos y a unos 550 kilómetros de la capital.

“Los ecosistemas propios de esta especie son frágiles y están actualmente en peligro por los efectos del cambio climático y amenazados por industrias extractivas como las pesqueras, que suman aún mayores presiones al hábitat de animales que dependen de un medio ambiente sano”, explicó Estefanía González, coordinadora de la campaña de Océanos de Greenpeace. Y agregó que la depredación que sufre el sur continental y la Antártida hace que escasee el alimento para la especie.

Varios estudios señalan el problema creciente debido al aumento de la temperatura para la fauna sureño-antártica; por ejemplo, un trabajo de científicos franceses del CNRS (el Conicet galo) encabezado por Celine Le Bohec: la comida simplemente está muy distante para muchos de ellos. El estudio se hizo para el pingüino real que tiene los 700 kilómetros como límite de lo que pueden viajar sin morir de hambre y regresar al nido. Quizá eso mismo –o algo parecido- pasó con este solitario ejemplar de pingüino perdido en Dock Sud.

firma_Martín

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