Parques Nacionales: proteger una región, preservar un futuro

abril 10, 2018

Los anuncios sobre la creación de parques invitan a reflexionar sobre el rol que ocupan en materia de sustentabilidad en un país. Algo que va más allá de lo legal y que es el resultado de la participación de muchas organizaciones e individuos.

Unos días después del atentado a las Torres Gemelas, allá por 2001, el oficio de periodista llevó al autor de estas líneas a las Islas Galápagos. Casi todo el planeta estaba convulsionado: los ecos de las explosiones no solo eran políticos. Había algo de lo humano que se ponía en cuestión, que también acababa de derrumbarse. Sin embargo, con la sensación de una enorme paradoja, estábamos allí, en las islas, durmiendo en un barco, intentando ser apenas ojos. Sí, ojos, para no interferir en una realidad intensa de la que deseábamos ser solo testigos: aves, peces, plantas. La vida -esa que entendió Charles Darwin en esos territorios-, la complejidad de lo vital, en un mundo en el que los humanos no éramos, no somos, los protagonistas.

Después descubrimos que ese rol que nos cabía como humanos era mucho más que ser meros ojos. No interferir no es no participar.

Educar. Más allá (o más acá) de los extremos, de las coyunturas, las áreas protegidas, los monumentos naturales, los parques nacionales, los territorios marinos, demuestran que las apariencias no suelen engañar: lo que se manifiesta ante nuestra mirada es el pasado más antiguo, el origen, pero también es aquello que detiene el peor de los presentes y nos ofrece una perspectiva de lo que puede ser el futuro.

Pero no se detiene allí su valor: la existencia de un parque nacional, de territorios protegidos, también implica otro tipo de movimientos, que también son muy interesantes y que tiene que ver con la conservación del patrimonio: para que se erija un parque, tal como quedó demostrado en los últimos que han nacido, implica que la sociedad civil y las ONGs se movilicen.

Sí, lo que luego termina en un parque nacional, comienza por la inquietud de distintos ciudadanos, que perciben dónde hay una necesidad y, a partir de allí, comienza el proceso que termina con un Parque Nacional.

Las leyes, al menos las más efectivas, son las que devienen de este camino: lo que comienza en las organizaciones de la sociedad y se consolida (palabra diferente a cristaliza) en procedimientos legales. Argentina es pionero en materia de parques. El Parque Nacional Nahuel Huapi fue el tercero en el mundo. Sin embargo, queda aún pendiente mucho por hacer. Especialmente, si se toma como base los mismos compromisos que asumió el país.

Oportunidad. Que existan zonas protegidas no es un detalle. Mucho menos, que un país reserve una cantidad de espacios para conservarlas. Tendemos a imaginar que tiene implicancias sobre el futuro. Pero hay algunos aspectos que se relacionan estrictamente con el presente. El primero es que los parques nacionales son un fomento indispensable para el turismo de una región. Un Parque Nacional es un estímulo para recibir visitas y promover aspectos vinculados a los servicios. Por otra parte, también, son resguardo de recursos (especialmente, el agua). Finalmente, de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, las áreas protegidas pueden ayudar a mitigar los impactos de los desastres naturales con la estabilización del suelo (por ejemplo, evitando avalanchas, derrumbes y erosión), reduciendo inundaciones (por ejemplo, mitigación en pequeñas cuencas, protección de llanuras aluviales y humedales), y protegiendo las costas (manglares, dunas de arena o arrecifes de coral como barreras contra tormentas).

Un área protegida conserva el ecosistema y la diversidad. Un compromiso en el que toda la sociedad es protagonista.

Nuevos. En la apertura de las sesiones ordinarias, a principio del mes pasado, el presidente Mauricio Macri hizo anuncios ligados directamente a la sustentabilidad. Entre ellos la creación de nuevos parques nacionales, como el del Impenetrable, en Chaco. Asimismo, se refirió a gestiones que ya están en marcha para declarar los parques nacionales​ Aconquija (Tucumán), Mar Chiquita (Córdoba) e Iberá (Corrientes), junto al muy comentado -no exento de polémicas- en Campo de Mayo. Sobre la cuestión, el director ejecutivo de la FARN, Andrés Nápoli señaló que “según datos del Informe del Estado del Ambiente 2016 del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable (Mayds), la Administración de Parques Nacionales (APN) maneja 47 áreas protegidas, equivalente al 1,19% del territorio nacional. En el orden provincial y municipal existían para 2016, 437 áreas protegidas, equivalente al 11,93% de la superficie del sector continental americano del país. Respecto de la plataforma continental argentina, la superficie protegida es inferior al 1%”.

Señala que “Argentina se ha comprometido globalmente a proteger para 2020 el 17% de las zonas terrestres y de aguas interiores y el 10% de las zonas marinas y costeras. Si bien hemos tenido un significativo avance, aún se está lejos de los porcentajes comprometidos”.

Más allá de mirar el vaso medio vacío (todo lo que falta) o el vaso medio lleno (que hay avances concretos en la temática), lo cierto es que la sociedad, y cada uno de los individuos, precisa de acciones y protagonismo. Sí, intervenir para no dañar; intervenir, para ser todo ojos. Ojos y cabeza. Ojos y corazón, por supuesto.

firma_pablo_helman

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