Murió Arturo, el último oso polar en cautiverio

julio 19, 2016

Tenía 31 años, 23 de ellos los vivió en el zoológico de Mendoza.

A propósito de su deceso, por “un desbalance hemodinámico que desencadenó un proceso de descompensación y deterioro irreversible” según información de las autoridades de la provincia, Greenpeace solicitó, al Presidente de la Nación y al Ministro de Ambiente, el cierre definitivo de todos los zoológicos del país.

Ya en el año 2004 la organización ambientalista, ante el desmejoramiento de su salud y las malas condiciones de su hábitat diario, pidió por su reubicación en un centro de conservación con un ecosistema acorde a su especie pero las autoridades no lo permitieron porque consideraron que en el estado en que se encontraba no hubiese podido soportar ningún viaje.

Los animales silvestres que habitan los zoológicos, que en muchos casos nacieron en cautiverio, son de difícil reintroducción. Los expertos, como el Dr. en Ciencias Naturales Héctor Ferrari, recomiendan proporcionarles el bienestar necesario para su supervivencia que variará de acuerdo al tipo y tamaño del animal y a la disponibilidad económica con que cuenta el zoológico.

El bienestar de un animal se define por su estado físico y psicológico. Los animales en cautiverio están imposibilitados de realizar sus comportamientos innatos y vitales como correr, volar, aparearse, por lo que aparecen conductas y comportamientos anormales, repetitivos que se conocen como zoocosis. Caminar de arriba a abajo siguiendo el mismo recorrido, dar vueltas en círculos, lamer repetitivamente los barrotes o las paredes de la jaula, balancearse hacia delante y hacia atrás de forma obsesiva, son síntomas frecuentes que los visitantes puede observar en cualquier zoológico del mundo.

“Ningún animal silvestre que es producto de millones de años de evolución e interacción con el ambiente que le es propicio, está bien fuera de él”, explica Ferrari, profesor titular de la carrera de Especialidad en Bienestar Animal que se dicta en la facultad de veterinaria de la Universidad de Buenos Aires.

Según Greenpeace, “en lugar de un parque zoológico condescendiente, tolerante o benevolente es mejor apoyar a grupos que trabajan para conservar los hábitats naturales de los animales en peligro como International Primate Protection League, la Born Free Foundation, Earth Island Institute y también a santuarios sin fines de lucro como The Elephant Sanctuary o la Performing Animal Welfare Society que rescatan y cuidan a los animales exóticos sin venderlos ni reproducirlos”.

Varios referentes animalistas también expresaron su dolor por la muerte de Arturo y esperan que esto sirva de ejemplo y que obligue a las autoridades a rever la situación de las demás especies exóticas que sobreviven en situaciones similares en el país.

firma_Gabriela

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