Mejoran el sistema de medición de los gases efecto invernadero de la agroindustria

junio 1, 2018

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La necesidad de generar productos sustentables frente a los derivados del petróleo, coloca a la Argentina en un rol importante en el desarrollo de energías limpias a partir de la elaboración de biocombustibles y demuestra una vez que la trazabilidad es posible en pos del cuidado del medio ambiente.

A partir de un convenio entre el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la Argentina podrá estimar con mayor precisión el impacto de sus cadenas productivas respecto de la emisión de gases frente al cambio climático. De esta forma logrará un mejor posicionamiento en un exigente mercado internacional que hoy demanda productos sustentables.

Se trata ni más ni menos que del balance energético. Es decir los pasos que se dan al momento de sembrar una hectárea de cualquier cultivo y desde ahí saber cuánto se gastó en el uso de gasoil en la maquinaria, cuánto en fertilizantes, el costo del camión que transportó la mercadería, el consumo de energía de una planta industrial, etc.

Es decir, analizar toda la cadena de trazabilidad desde que se transforma el grano hasta obtener un litro de combustible. De manera que se pueda saber cuánta energía se gastó para que realmente haya un efecto positivo.

“Hasta no hace poco lo que se venía haciendo eran muestreos puntuales que se tenían acordados con algunas empresas lo que daba como conclusión un margen muy acotado y no representaba la cantidad suficiente de productores de toda la biomasa que ingresaba en las plantas”, señaló el investigador del Instituto de Ingeniería Rural del INTA y responsable del proyecto, Jorge Hilbert.

Según el experto ya hace ocho años se había elaborado un trabajo en conjunto con la Unión Europea (UE), que arrojó que los biocombustibles argentinos evitaron que 5,5 millones de toneladas de dióxido de carbono se esparzan a la atmósfera.

Vale recordar que la UE fija límites sobre el porcentaje de reducción en los gases de efecto invernadero que aportaría el biocombustible a importar, respecto a los fósiles comparativos. En este contexto es que el acercamiento del organismo oficial con la Bolsa de Cereales responde al análisis que viene haciendo éste a la hora de estimar todo el paquete tecnológico que se está usando en cada una de las regiones por parte de los productores, el cual es incorporado con el sistema que tiene la UE que el año pasado oficializaron Australia y Canadá.

Los datos saldrán del Relevamiento de Tecnología Agrícola Aplicada (ReTAA) que elabora la Bolsa donde su coordinador Juan Brihet manifestó que “la fortaleza que se creó con el INTA es poder brindarle, a partir de nuestra base, los números que realmente se usan en la Argentina en cada campaña, eso permite mejorar mucho la estimación y no estar dependiendo de lo que tiene la UE”.

El ReTAA refleja desde el tipo de semillas, fertilizantes y agroquímicos que usó el productor en el campo hasta la dosis que se aplica en el cultivo para cada insumo.

De esta forma el primer cultivo analizado fue la soja y su proceso desde que se siembra hasta convertirse en biodiésel. En ese sentido el trabajo del INTA arrojó que el valor de emisiones tanto como promedio simple como ponderado de acuerdo a la participación de cada empresa en la producción industrial fue de 245,4 kgCO2/Tonelada de soja.

El cual al convertirlo en valores de emisión por Mj, que es la unidad a nivel global para medir energía y trabajo, fue de 10,6 gm CO2/Mj de biodiésel.

Al compararlo con los valores agrícolas provisto por la UE que es de 19 gm CO2/Mj, se puede apreciar una diferencia del 46,7% favor de la Argentina, remarcando las ventajas del sistema productivo local por su bajo nivel de uso de combustibles y de fertilizantes. Pero el análisis no queda ahí. Ahora se hará lo mismo con el maíz y demás cultivos.

Foto: Cultivo de soja, provincia de Santa Fe, Argentina.

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