La matemática como una de las bellas artes

octubre 3, 2017

El italiano Piergiorgio Odifreddi es de esos (¿pocos?) matemáticos que advirtieron que la más vieja de todas las ciencias podía también contarse al público no especializado.

Por eso, escribió una serie de libros (La matemática del siglo XX, Érase una vez una paradoja y Elogio de la impertinencia, entre otros) que jamás renuncian a la complejidad pero que no están dedicados especialmente a sus colegas sino a… virtualmente cualquiera. La búsqueda de salir del gueto de especialistas lo llevó a interesarse por las particulares relaciones entre el arte y la matemática y eso fue justamente lo que lo trajo a esta pequeña ciudad universitaria del sudoeste alemán, donde organizó la muestra de Arte y Matemática en el Quinto Foro de Laureados de Heidelberg –que reúne a los matemáticos más prestigiosos con unos 200 jóvenes investigadores- y habló con Planeta Azul.

-¿Cómo empezó su interés por la relación entre la matemática y el arte?

-Empezó con un interés personal por el arte. Y de a poco descubrí que pinturas, músicas, y literatura tienen una relación con la matemática. No es solo por azar sino que existen conexiones profundas. Pensé entonces que podría ser una linda manera de mostrarlo hacer una exposición para el público general. Porque cuando intentas hablar de matemática en tv, diario o radio, lo que te dicen es “no, nadie nos va a escuchar”. Por eso, hay que acercarse de manera tangencial y sugerirla a través de otros campos.

-¿Qué ejemplos rescataría?

Muchos. La pintura de Dalí por ejemplo. Y uno se pregunta cómo un surrealista como Dalí usaba la matemática. En La última cena, donde se ve a Jesús con los apóstoles, están en una sala que es un dodecaedro. ¿Cómo puede ser?, me pregunté. Y lo cierto es que me enteré que tenía un amigo de los Estados Unidos, Thomas Banchoff (hoy de casi ochenta años), que era un matemático experto en la cuarta dimensión. Lo conoció se hicieron amigos y se encontraban a menudo e hicieron cosas juntos. Dalí hizo La crucifixión, El cristo hiperbólico, también bajo esa influencia. Es una mezcla extraña. Pero hay muchos más.

-También hay ejemplos en la literatura.

Claro. Borges sabía un montón de matemática. En su cuento/ensayo sobre la biblioteca de Robinson habla de Bertrand Russell y su introducción a la filosofía matemática. Pero muchas más de sus historias tienen matemática. La biblioteca de Babel. En definitiva, con esta divulgación es cierto que no se llega a la matemática profunda, pero al menos se le da una sensación de que pueden ser cercanas a la gente. Como la música, como la literatura.

-¿Y su preferida?

La novela más famosa de la historia, La guerra y la paz, de Tolstoi. Es tan larga que nadie llega al final, pero las últimas 150 páginas es una teoría de la historia con referencias al cálculo infinitesimal. Cuando escribimos historia, argumenta, creemos que está hecha por los grandes hombres (Napoleón, el zar Alejandro). Pero dice que no es verdad: si fueran solo ellos dos, solo habría un duelo. El mundo se crea por miles o millones de personas, soldados, los invasores, etc. Cada hombre da una contribución infinitesimal a la guerra. Es una gran integral: la historia es una integral matemática. Pero no sólo es una metáfora. Se ha trasladado esa idea por ejemplo a los mercados en referencia a compras y ventas. El mercado como un gas al que se le aplica la termodinámica.

-¿Todo se puede explicar con las matemática?

No todo, la mitad. La matemática es buena para lo preciso. Si hay que pagar impuestos, hay que ser precisos, hacer los cálculos. Pero si caminas por la calle y se cae algo, nadie computa para correrse, solo lo esquivas. Hay veces es que se puede ser largo y preciso, y otras en que alcanza con ser breve y aproximado.

firma_Martín

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