La contaminación de las ciudades como causa de infartos

julio 12, 2018

firma_Martín

“Todo era culpa del smog. Si el canario no cantaba, si se retrasaba el lechero, si el pequinés tenía pulgas, si un vejestorio de cuello almidonado sufría un infarto camino de la iglesia la culpa era del smog” escribe Raymond Chandler en una de las novelas (El largo adiós) protagonizadas por el investigador privado Philip Marlowe, datada en 1954 y situada en Los Ángeles y zona de influencia. Sin duda, ya a mediados del siglo XX había sitios con mucha contaminación (y también antes, durante el siglo XIX, sobre todo en las ciudades industriales inglesas). Pero lo que Chandler desde luego no imaginó es que cuando se refiere irónicamente a un infarto causado por el smog podía estar hablando de un futuro en el que eso sería tristemente real. Así lo marcan cada vez más investigaciones que relacionan el aumento de partículas tóxicas en las ciudades con graves daños a la salud y fue uno de los tópicos tratados en el seminario webCambio climático y uso de combustibles fósiles: ejemplos de su impacto sobre la salud”, organizado por la ONG Salud sin daño.

“Entre el 70 y el 80% de los eventos vasculares se dan en personas con pocos factores de riesgo y el principal sospechoso es la polución del aire causada por la combustión de vehículos”, dijo el neurólogo Conrado Estol, especializado en accidentes cerebrovasculares en los Estados Unidos y director de la Clínica de Prevención de Enfermedad Vascular. Estol citó –en su exposición titulada “Contaminación del aire: aumento de la incidencia de infarto de miocardio y ACV”- algunos de los trabajos que de a poco van imponiendo la correlación entre las pequeñas partículas emitidas y diversos daños a la salud, desde que ingresan a través de los pulmones al sistema circulatorio. Uno de esos estudios, por ejemplo, marcó que hay momentos en que caminar por Nueva Delhi (India) es como fumar dos paquetes de cigarrillos por día; otro, que alcanza con media hora para sentir los efectos nocivos de ese aire en la salud.

Pero no hay que irse tan lejos. Dado que ocho de cada diez ciudades tienen niveles de contaminación que exceden los estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS, organización que colocó en 6,5 millones de muertes anuales debidas a la contaminación del aire), Buenos Aires no escapa a la norma: se han medido entre 14 y 15 microgramos de partículas por metro cúbico, claramente por encima de los 10 recomendados por OMS; y desde los 4 ya hay algún tipo de daño arterial, aumenta la aterosclerosis y se dan las condiciones necesarias para el infarto. Según otro informe, de la revista The Lancet, la polución del aire mata tres veces más que la malaria, la tuberculosis y el VIH-Sida combinados. Otros estudios, no mencionados por Estol, también refieren que aumentos en diabetes y muertes infantiles podrían estar relacionados con el aire contaminado.

Para cerrar el seminario web, Francisco Chesini, del Ministerio de Salud de la Nación, contó otro aspecto en que el cambio climático daña la salud. En especial, en torno a las consecuencias de la ola de calor que sufrió la Argentina hacia fines de 2013: hubo 1877 muertes en exceso que se las puede adjudicar al fenómeno.

Foto: Smog en la Ciudad de Buenos Aires.

Crédito: Ydnam CC BY-SA 2.0, via Wikimedia Commons

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