Diario de un viaje a cómo cuidar un bosque

julio 30, 2018

firma_Martín

(Desde Acandí, Colombia)- “En 1995 conseguimos la titulación colectiva y desde entonces estamos luchando para que se reconozcan más de cien mil hectáreas que fueron nuestras desde que éramos cimarrones (esclavos escapados). Esta tierra y este bosque es de todos los que estamos en la comunidad, es de Cocomasur”, dice la líder Everildys Córdoba. Y es una de las tantas cosas que dice con fervor y entusiasmo esta mujer de casi cincuenta años.

Aquí, en la zona colombiana del Chocó Darién, muy cerca de la frontera con Panamá, la tierra no es de quien la trabaja, ni de quien la explota a larga distancia con un celular en la mano, sino de quien cuida el bosque que les dio de comer a sus abuelos y bisabuelos desde que la primera globalización -la que vino apenas después de los viajes de Colón- sacó por la fuerza a tribus africanas y las arrastró hasta el nuevo continente.

Lo curioso es que es otra globalización, la que busca ahora que el cambio climático y otros males ambientales no se profundicen por la falta de cobertura verde del planeta, la que ahora valoriza esos saberes y actos: quisieron los bucles de la historia que los modos de ser y relacionarse de estas comunidades con el bosque coincidieran con las necesidades mundiales del siglo XXI de mantener lo máximo posible así como están casi todos los campos verdes del planeta. Este lugar, en cierto sentido olvidado, se transformó en el caso testigo que usan las Naciones Unidas en este país, a través de su programa de protección de bosques (conocido por las siglas REDD), para mostrar que otro modelo de conservación inteligente es posible, incluso dentro de un país con 52% de cobertura boscosa pero con crecientes tasas de deforestación.

La manera en que los afrocolombianos controlan la deforestación y miden distintas variables del bosque que mira al mar Caribe, y extraen recursos de manera inteligente (sostenible, en la jerga) les permite vender bonos de carbono y financiar el desarrollo de la comunidad. Aquí explican que todo fue por azar: que un estudiante de doctorado de los Estados Unidos, Brody Ferguson, viera el trabajo de las comunidades y les propusiera trabajar en conjunto para armar los planes. Luego Ferguson formó la empresa Anthrotect -que ahora está detrás de otro proyecto similar de cuidado de bosques en Pará, Brasil- para articular el proyecto. Según contó Everildys Córdoba, ya vendieron unos 104.000 bonos de carbono (uno bono, una tonelada de dióxido de carbono capturada, a precios de mercado que van entre los cuatro y los siete dólares), y esperan pronto poner en venta otros 300.000 en un contexto de expansión de este mercado en el país.

Hay que decir que los problemas de la propiedad de la tierra antes mencionados son apenas algunos de los que afrontan las 2100 personas que forman parte de la comunidad. La falta de recursos económicos y de infraestructura (agua, cloacas), además de conexión con el resto del país (se llega vía mar o a través de un pequeño aeropuerto que lleva y trae unos treinta pasajeros diarios) es otro de una lista que podría extenderse algunos párrafos. Pero gracias a los recursos así generados Cocomasur, por ejemplo, puede enviar a los jóvenes a estudiar (aquí sólo hay primaria), o colocar paneles solares para que tengan algo de electricidad las comunidades más alejadas entre las alejadas.

Una de las cosas que quedaron claras del intercambio y la intensa convivencia de unos días con la comunidad –gracias al taller organizado por la ONU y Latinclima para unos doce periodistas de todo el continente- es que si bien hay un elemento simbólico-religioso que permanece en la relación con el bosque (rezos previos a las excursiones, bendiciones), la práctica no está exenta de cierta visión utilitaria. Al menos a simple vista, y para adecuarse a normas internacionales, los miembros de Cocomasur utilizan herramientas de medición, mapas y coordenadas. Al estilo de tecno-occidental, pero con el amor de antaño.

Más información: https://www.anthrotect.com/docs/Anthrotect-Choco-Darien-Resumen-ES.pdf

Foto: Solange Márquez, grupo Cocomasur
Epígrafe: Everildys Córdoba, en pleno trabajo con otros miembros de la comunidad Cocomasur

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