Día Mundial del Agua: un hoy que ya es mañana

marzo 22, 2018

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Cada 22 de marzo es un día para reflexionar sobre cómo estamos en materia de agua. Un recurso que tiene que ver tanto con el presente como con el futuro.

1992 fue un año en el que, por muchos motivos, la humanidad se repensó a sí misma: cambiaba un paradigma, social y político y, con ello, empezaba a evolucionar la idea de que la humanidad tenía de sí misma. Con la caída del bloque del Este y el aniversario de los 500 años del viaje de Cristóbal Colón, la humanidad empezaba a intuir -ahora lo sabe bien- que había nuevos desafíos. Conceptos como “desarrollo sostenible” o “derechos humanos” pasaban a ser tanto cuestiones de política como de economía e incluso de ética pública y privada. Un proceso que tuvo otros hitos, con el reconocimiento a nivel global que existían problemas en el presente que replican en el futuro: con el milenio inminente se supo que vivimos un ahora tan intenso que es casi un mañana. Y el acuerdo sobre objetivos comunes.

El viaje de Colón, obvio es decirlo, fue a través del agua. El océano que sorteó es real e inmenso. Y también es un símbolo: el planeta, se constató en su viaje, es agua y todo la historia humana es, quizás desde el 1492 que replicó en 1992, un viaje a través del agua. Es más, en el agua refleja el cielo -la atmósfera- y, a partir del agua se desarrolla la vida.

En 1992 la Asamblea de las Naciones Unidas decretó que cada 22 de marzo la humanidad toda (las naciones, las empresas, cada institución y cada individuo) detenía algo así como el devenir frenético de cada día para pensar en el agua: en los mares de los viajeros y en el vaso que cada uno de nosotros está tomando mientras lee este texto. En la ropa limpia, los dientes limpios de los chicos, para ir a la escuela y en las manos del médico que entra al quirófano. El Día Mundial del Agua es todo eso.

Digámoslo en términos de la misma Organización de Naciones Unidas: “El agua propicia el bienestar de la población y el crecimiento inclusivo, y tiene un impacto positivo en la vida de miles de millones de personas, al incidir en cuestiones que afectan a la seguridad alimentaria y energética, a la salud humana y al medio ambiente”. Bienestar de la población. Crecimiento inclusivo. Seguridad alimentaria y energética. Salud humana.

Este es el mapa que se vuelve a trazar cada 22 de marzo.

Veamos dónde estamos hoy.

 

2500 millones de personas con escasez

Esta semana se reunió en Brasil el Panel de Alto Nivel sobre el Agua. Cuando se afirma que es de “alto nivel” es realmente así: está compuesto por 11 jefes de Estado y Gobierno y un asesor especial, y fue coorganizado por el Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, y por el presidente del Grupo del Banco Mundial, Jim Yong Kim. Sus conclusiones invitan no solo a la reflexión, sino también a la acción. Afirman que, de no cuidar los recursos hídricos, se podrían reducir las tasas de crecimiento nacional en un 6% del PIB para el año 2050 si no se actúa sobre el tema.

Uno de los puntos básicos tratados fue el tema de la financiación de las acciones concretas. Aquí, el compromiso de los jefes de Estado debe tener eco en las empresas. Y no en vano hablamos de eco: se trata del planeta, de ecología, pero también de acciones de unos que replican en lo que hacen los otros.

A nivel global, el reparto del agua no es el adecuado y para el año 2050 se espera que al menos un 25% de la población mundial viva en un país afectado por escasez crónica y reiterada de agua dulce.

De hecho, es uno de los objetivos globales, acordados por todo el planeta. Entre los objetivos de desarrollo sostenible ocupa el lugar número 6: Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos.

En los mismos objetivos se aclara que “El agua libre de impurezas y accesible para todos es parte esencial del mundo en que queremos vivir. Hay suficiente agua dulce en el planeta para lograr este sueño”.

 

Argentina, una oportunidad

Entre los ecologistas de Argentina, hay consenso en que el agua para más personas participa de una política social activa, transformadora y necesaria. Más agua potable es un derecho humano y bien podría ser una política de estado: algo que debiera pasar de una gestión a otra y mantenerse. El doctor Andrés Napoli, de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales señala que “Argentina es un país privilegiado en términos de agua. Lo cierto es que aún el agua es un recurso desigual e inequitativo. Argentina tiene distintas realidades según las regiones. En el área metropolitana tenemos agua, dado que es el final de la Cuenca del Plata, pero también hay mucha contaminación. Hay otras zonas más áridas, que presentan otros desafíos. Mendoza es un buen ejemplo de uso del agua en lo local, pero con dificultades hacia las provincias vecinas”.

Argentina vive su 22 de marzo del 2018 bajo dos ejes: el riesgo de la contaminación de uno de sus recursos naturales más valiosos y la conciencia de toda la sociedad de que el agua es un derecho humano. Hablábamos de 1992 al principio del artículo. Cabe pensar en los ecos del 22 de marzo en el 24 de marzo, tan vecino y con tantos otros simbolismos.

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