Denuncian doble estándar de las empresas de comidas rápidas

noviembre 24, 2017

Es uno de los principales retos a nivel mundial para la seguridad -al nivel del terrorismo y el cambio climático global para algunos gobiernos- la resistencia de las bacterias a los antibióticos convencionales está en el orden del día en las principales conferencias y eventos científicos del mundo.

Esta situación se da porque por un lado el consumo directo por parte de los humanos va más allá de las estrictas necesidades, pero también por las cantidades industriales que se usan en la producción de animales en granjas (avícolas, pero no solo): las bacterias se hacen fuertes –evolución rápida mediante- y no hay manera de combatirlas, lo que las hace (potencialmente) mortíferas.

Ahora, una investigación del Centro para la ciencia y el ambiente (CSE, por sus siglas en inglés) pide la eliminación del uso de antibióticos en la producción de pollo por parte de las grandes cadenas de comidas rápidas internacionales. Y se queja de un doble estándar: mientras algunas de ellas tienen un calendario acotado para tomar esas medidas para el mundo en desarrollo (Europa, y Estados Unidos, anunciado hace un par de meses) tienen un plazo mucho más laxo para los países en vías de desarrollo. La CSE denunció esa duplicidad, porque la resistencia puede viajar relativamente rápida en la era de la globalización.

“Mientras en los Estados Unidos, la mayoría decidió dejar de usar los antibióticos en la cadena de producción de pollo durante 2018, no hay planes para dejar de hacerlo por ejemplo en la India en los próximos 10 años”, señaló Chandra Bhushan, director del CSE. Se trata de medicamentos identificados por la Organización Mundial de la salud como importantes, muy importantes y críticamente importantes y las aludidas son las once principales multinacionales de alimentos rápidos.

Amit Khurana, jefe del programa de seguridad alimentaria y toxinas del CSE, señaló que “esto sucede porque nadie les exige lo necesario. No sienten presión por parte de los consumidores que no son conscientes del problema a la vez que existe un débil reconocimiento del problema en el nivel de los gobiernos”. En cambio, dice, en los países desarrollados hay un panorama distinto. “En Estados Unidos hay una mezcla de leyes, consumidores atentos, presión de los inversores y una sociedad civil que en conjunto busca un cambio. Y en Europa la prohibición de antibióticos para que los animales crezcan más ya lleva un década”, añadió.

 

* Desde Bonn, Alemania

firma_Martín

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