Cambio climático: el experimento Costa Rica

agosto 16, 2017

Escapar de una guerra y terminar formando una especie de paraíso verde y autosustentable a 5300 kilómetros de casa.

Parece apenas una parábola religiosa, pero en cierto sentido es el destino que les tocó y forjaron los cuáqueros norteamericanos de Iowa y Alabama que salieron de su país de origen para evitar los rigores de la batalla en Corea en los años de 1950 y se encontraron fundando la ahora próspera localidad de Monteverde, en una zona montañosa de Costa Rica.

Más de medio siglo después la región recibe un grupo de 25 periodistas de las Américas que formaron parte del “Taller sobre cambio climático Costa Rica: en transición a una economía baja en carbono”, organizado por Earth Journalism Network (EJN), Latin Clima y la Fundación Stanley, para observar el proceso y debatir alcances y límites de las coberturas.

“Costa Rica es en cierto sentido un experimento político y técnico porque deliberadamente se propone ser carbono neutral. No hay muchos países que estén intentándolo por eso la intención fue ver qué se está haciendo y qué nos puede servir en casa, en cada uno de los países desde los que reporteamos”, dijo en una de las sesiones James Fahn, director ejecutivo de EJN y profesor en la Universidad de California Berkeley.

Y es cierto que Costa Rica se ha planteado una meta fuerte con el doble propósito de mantener la biodiversidad, aprovechar su potencial de turismo verde y contribuir al esfuerzo mundial para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero así como renovar tecnologías en ciertas áreas como la producción cafetera. Y más datos favorables: tiene prohibida la minería a cielo abierto, la explotación petrolera (moratoria hasta el 2021) y la cacería deportiva.

Pero, desde luego, el país centroamericano (con una superficie de intrincados 51.100 kilómetros cuadrados, equivalentes a menos de la mitad de Cuba y a un tercio de la de Uruguay), no escapa a cierto destino latinoamericano: si bien su matriz eléctrica tiene un porcentaje altísimo de renovables (cercano al 99%), las ciudades grandes como su capital San José crecieron sin planificación a tal punto de que el transporte público es muy malo o inexistente. Lo que lleva a que la cuenta de combustibles fósiles por autos particulares sea enorme: 64% del consumo final de energía proviene de derivados del petróleo.

De modo tal que, para ser un laboratorio internacional de descarbonización (no generar emisiones contaminantes), como señaló el ministro de ambiente y energía Edgar Gutiérrez, el país necesita encarar fuertes inversiones, por ejemplo en una red de transporte eléctrico interurbano. Mientras tanto, y con sus limitaciones, los cuáqueros siguen considerando a Costa Rica como su paraíso en la Tierra.

firma_Martín

 

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